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Aug 24, 2021 diseño de producto, diseño, creatividad Escrito por: Josep Puig Cabeza

Detrás de un buen diseño de producto

Colección permanente del Museu del DissenyColección permanente del Museu del Disseny

Hoy en día se han generado tantas expectativas sobre lo que debe ofrecer un producto que el diseño ha tenido que abrir el rango de variables a resolver en el proyecto con un checklist riguroso y extenso. Y esto comporta aspectos muy positivos, como la incidencia en temas de sostenibilidad y ciclo de vida, la inclusión de principios universales del design for all, los aspectos de género en la experiencia de usuario, el conocimiento de nuevos materiales con propiedades inéditas, las nuevas técnicas de fabricación de la industria 4.0, la seguridad y la legalidad, etc… Todo ello implica que en el proceso de diseño se deban tener conocimientos más expandidos y transversales, pero a la vez, eficaces y aplicables.

La educación universitaria ya está orientada a dotar de competencias sobre todas estas cuestiones. Pero en el día a día profesional del diseño y desarrollo de nuevos productos, debido a la velocidad que se debe imprimir a los procesos, junto a criterios económicos mal entendidos, ocasiona que se den prioridades y se establezcan jerarquías nada óptimas a la hora de afrontar la resolución de todos estos aspectos mencionados. Utilidades novedosas y llamativas pasan por delante de aspectos básicos y elementales en la configuración de los objetos que, por su sentido común, son tan obvios y conocidos que parece que se resuelvan casi automáticamente. Y así, pequeños pero importantes detalles funcionales y comunicativos de los nuevos productos sorprenden por lo mal resueltos que están, aun formando parte del sector de la alta tecnología de consumo. Es frecuente constatar errores clásicos de ergonomía, con pulsadores imposibles, pantallas táctiles que se tocan por error en el momento de manipular el dispositivo, menús de navegación nada intuitivos, interficies’ de automóvil poco adaptadas a la conducción, indicaciones en envases que, para cumplir con las reglamentaciones, tienen cuerpos de letra ilegibles, interacciones que exigen un nivel de práctica notable resueltas para ahorrar espacio y componentes, formas que comunican equívocamente el uso, etc… Situaciones que han constituido la lucha clásica del diseño y que son viejas conocidas. Paradójicamente, lejos de estar resueltas, aún ahora quedan a menudo relegadas frente a otros aspectos más atractivos de las nuevas aplicaciones de la tecnología. Pero estos fallos en productos actuales son como una falta de ortografía en un texto interesante.


Josep Puig Cabeza es director del Máster Online en Diseño de Producto y Servicios de SHIFTA y de Elisava.


¿Pero qué se considera desde hace años un buen diseño?

Si recordamos los diez principios de un buen diseño de acuerdo con Dieter Rams este es: innovador, útil, estético, comprensible, discreto, sostenible, honesto, atemporal, minucioso, simple. O según André Ricard: un buen diseño quiere decir que un objeto funciona bien y, como digo, cuando algo funciona perfectamente generalmente es bello. Lo que se ha considerado hasta ahora un buen diseño, sigue teniendo validez para identificar y calificar los buenos diseños más actuales y novedosos.

Colección permanente del Museu del DissenyColección permanente del Museu del Disseny

Detrás de un buen producto hay alguien que ha detectado una necesidad, ha analizado al usuario, ha entendido el funcionamiento, le ha dotado de una forma coherente con su uso mediante una expresión estética armoniosa, ha resuelto que sea eficaz, alguien que ha previsto que sea coherente con todas las preocupaciones y con la sensibilidad actual por la sostenibilidad y el uso racional de los recursos. Hay, por supuesto, una iniciativa empresarial que consciente de la necesidad decide producirlo y comercializarlo. Finalmente, a la vista de la enorme oferta comercial que existe en la actualidad, con sobreabundancia de versiones de productos de lo mismo, tanto en los almacenes como en Internet, un sencillo recurso para saber si un nuevo producto que nos interesa y nos parece atractivo es un buen diseño se basa en hacerse una doble pregunta; por un lado ¿tiene sentido para que lo vamos a necesitar? (sea cual sea el tipo de necesidad incluso la meramente contemplativa), por el otro ¿aporta algún tipo de mejora respecto a lo que ya existe hasta el momento?. Si podemos decir que sí en ambos casos, con toda probabilidad, estamos delante de un buen diseño de producto.


Josep Puig Cabeza es director del Máster Online en Diseño de Producto y Servicios de SHIFTA y de Elisava.

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