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Sobre restauración pre y post covid

Bar Central Raval de BarcelonaBar Central Raval de Barcelona

Restaurantes y restaurantes cerrados. Si existe una ciudad de la que nunca nos imaginaríamos esa posibilidad, esa era Barcelona. Cada vez más oferta, menos calidad, más efecto, menos cuidado. La restauración pre-pandemia ya estaba al límite, buscando la novedad, la foto, lo extravagante. Contrapuntos en los que encontramos fotografías de paellas y mejillones sobre hules de cuadros, restaurantes experienciales de extremo cuidado (tanto en atmósfera como en precios), los de toda la vida con nuevos dueños y concepto trasquilado, cadenas y cadenas de fast food’ y take away’, de colas interminables al lado de exquisitos espacios gastronómicos vacíos.

Barcelona no pensaba el restaurante para el turista ni para la gente local, sino para la velocidad, la impaciencia y el no parar. Este concepto se refleja en la calidad tanto de la comida como del diseño de los espacios interiores que una vez llevados al exterior, modifican la imagen de las fachadas de muchas de las calles representativas de la ciudad.

El espacio físico como punto de partida

En cuanto al espacio físico, me interesan tres clasificaciones principalmente. Primero tenemos los todo mal, en los que ni la comida ni el espacio tienen interés. Ahí entendemos que el interés es únicamente económico, es decir, barato o bien ubicado. Por otro lado, está el que podemos categorizar como cutre, básico o rancio, pero que al final se come bien, y que seguramente el factor social juega un papel muy importante, sea del ambiente, los dueños o los trabajadores. Por último, podríamos resaltar el espacio en el que la carencia del buen comer se enmascaraba con macro decoraciones y ornamentos instagrameables, en los que dará igual que la comida llegue fría o que la luz que ilumina la mesa dañe la vista.

Cada una de estas tipologías, no representan diferentes sociedades, sino más bien momentos concretos de cada individuo. Al final, todos somos turistas, estudiantes, parejas, amigos, compañeros de trabajo, o de parada de un take away’.

Llegó el covid y con él el silencio, la preocupación. Un año después del inicio de la pandemia somos conscientes de la desgarradora situación de la restauración, no sólo en Barcelona, sino a nivel mundial.

Compartir mesa y atmósfera, más que una experiencia

Como diseñadora de espacios interiores, mi visión ante la nueva realidad nace desde un punto de vista más esperanzado. Confieso que la relación a nivel humano y experiencial hacia la nueva normalidad, la encuentro mucho más interesante y enriquecedora.

Nos hemos parado a todos los niveles, y hemos entendido la importancia de las relaciones humanas, del contacto, de la aproximación social a la hora de compartir una comida del día, de la interacción con los camareros, de la atmósfera que se genera en estos espacios y el tiempo que invertimos y con quien lo pasamos. La realidad es que nos preocupamos más. Esto que ya sonaba antes de la pandemia, se está disparando gratamente desde entonces. Revisamos la calidad y procedencia de los alimentos, su proceso hasta llegar al plato, su comprensión en el espacio, con los materiales, la luz, y el tiempo. De estos parámetros sobre las relaciones humanas, aprendí mucho con Daniel Freixes en las clases que impartíamos en la universidad, en los que apuntaba notas como la de que las medidas perfectas de una mesa eran las que te permitían tener una conversación íntima sin forzar la voz ni que los de al lado escuchasen la conversación. Todos estos argumentos, que resultan de lo más lógicos, se han ido perdiendo en los últimos años. Pero nos paramos.

Somos nosotros como sociedad quienes tenemos la capacidad de movernos hacia una restauración e interiorismo de calidad, y como diseñadores, en ir de la mano de los restauradores para generar experiencias coherentes y amables, conectando cada uno de los factores que intervienen en el proyecto.

Añadir a nuestras experiencias como usuarios esta pausa forzada en forma de pandemia podría ser el punto de partida.


Pilar Soto es Arquitecta y diseñadora de interiores, profesora en ELISAVA y profesora del Máster Online en Diseño de Interiores de SHIFTA

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